El mito de Acuario

El mito de Acuario
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El mito de Acuario

Este mito nos habla de la historia de Ganímedes, hijo de Tros Rey de Troya, y dotado de una belleza tal que todos en la ciudad no podían evitar hablar de ello. Conocedor de la belleza de su hijo, el rey de Troya dispuso que un número de guardias lo protegieran y lo siguieran en todas las actividades del muchacho. 

Naturalmente la imponente belleza de Ganímedes llegó a oídos de Zeus, quien lleno de curiosidad, no pudo esperar para descender del cielo y observar con sus propios ojos tan maravillosa beldad. Utilizando una de sus habituales maniobras de transformación, el Dios se dispuso a buscarlo. Bajó del Olimpo convertido en águila y enseguida alcanzó al joven, que en ese momento paseaba por las montañas de Frigia, los rebaños de su padre, Zeus quedó cautivado al verlo. 

El más hermoso de los mortales estaba allí ante sus ojos. EL Dios se enamoró sin remedio de la forma de su cuerpo, sus músculos, su cabello, sus movimientos, su rostro, su voz. Sin dudarlo ni un instante lo tomó con cuidado con sus garras y se elevó con el príncipe por los cielos. Y por más que su séquito intentó alcanzarlo, Zeus lo llevó con él al Olimpo, Donde sin duda podría disfrutar de toda esa belleza.

  Al llegar, le dio a beber el néctar de los dioses que frenaría su crecimiento, permaneciendo joven eternamente y le concedería la inmortalidad, convirtiéndose en el primer mortal en alcanzar la deidad. El muchacho, aprendió a complacer a Zeus,  cumpliendo sus deseos y obsequiándole ofrendas. Compartían el lecho con frecuencia, Pero el dios lo quería con él todo el tiempo, de esta manera, Ganímedes fue convertido en el copero de los dioses, y su tarea consistía en vaciar su jarra llenando la copa de los dioses con el néctar divino. El rey Tros, al enterarse de lo ocurrido con su hijo,  lloraba amargamente cada noche. Cuando sus lamentos llegaron a oídos de los dioses, Zeus se compadeció y envió a Hermes a llevarle el mensaje de que el príncipe  estaba bien y viviría con los dioses, y además lo compensó obsequiándole varios corceles, no sólo hermosos, sino inmortales. Y de esta manera Ganímedes permaneció en el Olimpo, reemplazando en la tarea de atender a los dioses a la diosa Hebe hija de Hera y de Zeus. 

El joven era admirado, por su belleza, por todos los dioses  –especialmente por la mirada enamorada de Zeus–  excepto por Hera. La esposa del Dios estaba furiosa por dos grandes razones, por un lado, porque el joven había reemplazado a su hija Hebe,  pero fundamentalmente por la relación que sostenía con su esposo. Se cuenta que esta furia de Hera provocó que La diosa desatara su odio con la ciudad de Troya por haber dado al mundo una criatura capaz de quitarle el juicio y la razón a su esposo. Claro qué hacemos poco le importaba lo que Hera tenía para decir.

Ganímedes,  trataba de hacer feliz a Zeus cada día,  se aseguraba de que la Copa del Dios sea la última que servía, y antes de entregársela, la marcaba con sus labios para dejarle saber el profundo amor que le profesaba. Con frecuencia Zeus huía de los reclamos de su esposa convertido en águila, y con su joven enamorado en su espalda, lo llevaba a recorrer la tierra de los mortales. Siempre con su copa en la mano en uno de sus viajes observaron que la tierra era azotada por una cruel sequía. El muchacho reconoció las tierras alguna vez ese había sido su hogar,  la tristeza lo invadió y le rogó  a su amado Dios  que le permita servir a la humanidad. Zeus incapaz de negarse a un pedido de su amado, lo  permitió, y la lluvia devolvió la vida a la tierra. Desde entonces, Ganímedes comenzó a ser reconocido como Acuario, el Dios de la lluvia, el portador de agua. 

Finalmente, Zeus decidió que como recompensa definitiva, el joven ascendería al cielo transformado en una constelación,  la constelación de Acuario,  protegido eternamente por la constelación del águila,  es decir, por el mismísimo Zeus,

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Benicio
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