El duque de Windsor y Wallis Simpson

El duque de Windsor y Wallis Simpson

El duque de Windsor y Wallis Simpson

Una historia de amor que supera al poder

Parece imposible pensar que alguien pudiera renunciar al trono por amor. Sin embargo, el príncipe Eduardo VIII, heredero de la corona británica, lo hizo después de que su familia, la Iglesia y la clase política le negasen el derecho a casarse con Wallis Simpson.

Wallis, una joven americana de familia acomodada, conoció al príncipe británico en una fiesta durante el año 1933. Del monarca se dice que era apuesto, extrovertido y tenía cierta fama de mujeriego. Ambos se enamoraron e iniciaron una relación que escandalizó a la rígida sociedad inglesa de la época: el futuro rey de Inglaterra, enamorado de una mujer americana y ¡divorciada! (en dos ocasiones). Una relación que nadie aceptó, ni siquiera después de que Eduardo fuese nombrado rey.

El problema radicaba en que, como monarca británico, Eduardo era el jefe nominal de la Iglesia de Inglaterra, institución religiosa que no permitía que las personas divorciadas se volvieran a casar mientras el cónyuge anterior estuviera vivo. Por lo tanto, el rey no podía casarse con Wallis Simpson y, al mismo tiempo, permanecer en el trono. Por otro lado, la señora Simpson era considerada como una consorte política y socialmente inadecuada debido a sus dos matrimonios fallidos. Se pensaba que la guiaba su interés en el dinero o la posición y no el amor por el rey. No obstante, y a pesar de la oposición, Eduardo declaró que amaba a la señora Simpson y pretendía casarse con ella tanto si los gobiernos aprobaban el enlace, como si no.

La resistencia general para aceptar a Wallis Simpson como consorte del rey y la negativa de Eduardo a abandonarla condujeron a que, en​ 1936 y tras un breve reinado que apenas llegó al año, el rey decidió firmar el documento de renuncia al trono para poder casarse con Wallis Simpson. Tras su abdicación, Eduardo recibió el título de duque de Windsor con el tratamiento de Su Alteza Real y se casó con la señora Simpson al año siguiente, y finalmente su hermano (el padre de la reina Isabel II) heredó la corona. A la boda de la pareja no asistió ningún miembro de la familia real, dejando constancia que seguían sin ser partidarios de su matrimonio.

Más tarde, ambos se trasladaron a Francia, donde Wallis se convertiría en un icono de la moda entre la sociedad parisina gracias a los modelos que lucía en las fiestas a las que habitualmente asistía la pareja. Permanecieron casados hasta la muerte de Eduardo, 35 años más tarde. El duque de Windsor murió en 1972 tras padecer un cáncer de garganta y con su muerte llegó la reconciliación de su familia, quienes esta vez asistieron a su funeral.




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