Carta de amor de Edgard Allan Poe a Annie L. Richmond.

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Carta de amor de Edgard Allan Poe a Annie L. Richmond.

Oh, Annie, Annie! ¡Mi Annie!

Qué crueles pensamientos sobre tu Eddy deben de haber estado torturando tu corazón durante las dos últimas terribles semanas, en las que no has tenido ninguna noticia de mí, ni siquiera una palabra que dijera que todavía vivía y te amaba. Pero, Annie, yo sé que tú sentías profundamente la naturaleza de mi amor por ti, tanto como para no po­nerlo en duda, ni siquiera por un momento, y este pensamiento me ha confortado en mi amarga tristeza; puedo estar seguro de que tú imaginarías cualquier otra desgracia excepto esta: que mi alma había sido desleal con la tuya.

Por qué no estaré ahora contigo, querida, de manera que pudiera sentarme a tu lado, apretar tu querida mano en la mía y mirar a las profundidades del cielo claro de tus ojos; de manera que las palabras que ahora solo pue­do escribir se grabaran en tu corazón y te hicieran entender lo que quiero decir y, Annie, todo lo que deseo decir, todo lo que mi alma suspira por expresar en este instante está incluido en la palabra amor.

Por estar contigo ahora, de forma que pudiera susurrarte al oído las divinas emociones que me agitan, de buena gana -¡Oh, lleno de alegría!- abandonaría este mundo y todas mis esperanzas de otro: pero tú lo crees, Annie, tú lo crees y siempre lo creerás. 

Mientras piense que sabes que te amo como ningún hombre amó jamás a ninguna mujer, mientras piense que entiendes en alguna medida el fervor con el que te adoro, ningún problema mundano podrá jamás hacerme totalmente desdichado.

Oh, cariño mío, mi Annie, mi dulce hermana Annie, mi ángel bello y puro, esposa de mi alma…

Por siempre tuyo. 

Eddy

Jordfiam, 16 de noviembre de 1848

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Benicio
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