Caprichos

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Me llamo Guillermo Martínez y esta es mi historia.

Vivo en un apartamento de Pamplona, donde nací hace ya treinta años, con mi hermano Ángel, que tiene 27 años. Solemos hacerlo casi todo juntos: vamos juntos a fiestas, nos emborrachamos juntos, trabajamos juntos… En fin, lo normal entre dos hermanos que se llevan bien y viven juntos. Los dos trabajamos en una empresa de diseño gráfico y estamos planeando formar nuestro propio negocio y dar forma a nuestras ideas y sueños. 

Desde pequeños nos han atraído profundamente los ordenadores, esas máquinas que algún loco auguro que solo se venderían 5 en todo el mundo y hoy habitan en casa de cualquier humilde ciudadano en mayor cantidad que un perro o cualquier mascota, e incluso hay quien prefiere tener un ordenador a tener un hijo. No es mi caso, yo quiero formar una familia, pero simplemente, aún no he encontrado a mi media naranja, a mi amor platónico, a esa mujer a la que cuando mire por primera vez caiga perdidamente enamorado a sus pies, esa mujer que me haga perder la cabeza cada vez que la vea, a esa diosa del amor que me haga sentir que en el mundo no exista nadie más que ella y yo. Simplemente aún no ha llegado. 

Es fin de año y maldita mi suerte, mi hermano me ha vuelto a convencer para ir a una “fiesta inolvidable” en casa de unos amigos suyos de universidad a los que hace años que no ve. 

Claro, imposible era prever que sus queridos amigos sean también muy amigos del alcohol barato, la mala vida y los cigarrillos, que no son de tabaco precisamente. Para colmo, Ángel se ha escapado detrás de una mujer nada más llegar al piso y me he quedado colgado en un sitio que no me gusta lo más mínimo y rodeado de gente por la que no me muero de ganas de conocer. 

Para haceros una idea, el piso debe de ser de unos 90 metros cuadrados y consta de tres habitaciones, un baño, una cocina y un salón. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que las habitaciones están ocupadas por parejas “que se quieren mucho”.

 La barra libre se encuentra en el salón: una mesa alargada con un largo repertorio de botellas con nombres extraños. Será una noche muy larga. Me sirvo una copa de JB y levantó la mirada hacia algo que llama mi atención: es ella. 

Ella. La mujer de mis sueños, tal y como siempre la había imaginado, siento que las rodillas empiezan a fallarme de la emoción. Ella viene derecha a mí y es tan perfecta que parece que flota en vez de caminar. Tiene una larga melena negra como el carbón que junto con sus grandes ojos verdes hace que llame la atención de todo el que la mire. 

Es alta, esbelta, lleva un vestido de seda blanco, sin pedrería ni adornos extravagantes como los míticos vestidos de nochevieja. Esta preciosa y esta sonriendo, tiene una sonrisa grande, unos labios gruesos y rojos y yo me siento morir, el tiempo se ha detenido y no puedo dejar de mirarla, me siento caer dentro de sus ojos, estoy totalmente hipnotizado, me da la impresión de estar soñando pero no puedo despertar. Mi hermano esta a su lado. La coge de la mano. No puede ser.

– Guille, te presento a mi novia. Ella es Carolina. Carol este es mi querido hermano Guillermo.

Ay, tengo un dolor de cabeza terrible, estoy en mi cama pero no se como he llegado ni cuando. ¿Qué hora será? Tengo una resaca horrorosa creo que ayer se me fue la mano bebiendo pero es que…

– Guille, te presento a mi novia. Ella es Carolina. Carol este es mi querido hermano Guillermo.

– Hola Guille ¿qué tal? Yo soy la Carol la novia de Ángel

– Eh… esto… hola, encantado. Ángel, ¿Cuánto lleváis saliendo? ¿porque no me lo habías contado?

– Bueno veras hermanito, quería decírtelo cuando estuviera seguro de que Carol no iba a salir corriendo cuando me conociese jeje. Ya llevamos casi seis meses juntos. ¿te acuerdas de aquella fiesta de trabajo a la que no fuiste porque estabas de baja? Cuando te rompiste la pierna

– Si, si, me acuerdo

– Pues la conocí en aquella fiesta. Es amiga de Paloma, la chica de administración. Paloma nos presentó y saltó la chispa. Estamos juntos desde entonces.

– Ah, ya veo… bueno chicos me alegro mucho por vosotros. A ver Carol, cuéntame cosas sobre ti.

– Pues bueno no se, así en frió… tengo 25 años y trabajo en publicidad….

– ¡Pero bueno! ¡Que esto es una fiesta! ¡Dejémonos de cháchara y a bailar! Vamos carol, vamos guille, ¡hay que divertirse que van a dar las doce!

Y dieron las doce… las campanas es lo último que recuerdo de la fiesta.

No puedo creerlo, esto es una broma cruel del destino, la mujer de mis sueños aparece y resulta que es el amor de mi hermano. Debería alegrarme porque él está muy feliz y contento pero no puedo. No se si seré capaz de aguantarlo, nunca imaginé que la mujer de mis sueños se haría de carne y hueso para ser la mujer de mi hermano…

Han pasado ya tres años desde que aquella nochevieja conociera a Carol. Ahora Carol y Ángel están casados y viven en un piso a las afueras de Barcelona. Después de unas cuantas cenas con mi hermano y carol y de unas cuantas fiestas y juergas, me di cuenta de que estaba perdidamente enamorado de Carol y de que tenía que hacer algo para no arruinar mi vida y la de todos, así que me fui. Les dije que estaba harto de Pamplona y que necesitaba ampliar mis horizontes. Me fui a trabajar a Londres y ahí he conseguido un buen puesto de trabajo y una buena vida, vacía de mujeres y de vida social. 

Me paso cada segundo del día trabajando porque cada vez que tengo la cabeza vacía viene a mi imaginación una imagen de Carol sonriéndome, diciéndome lo mucho que me ama, me imagino como seria la vida con ella y me quiero morir, porque ya han pasado tres años y tengo que ir a Barcelona por trabajo. Mi hermano quiere que pase la semana con ellos y yo no sé si podré soportarlo.

Hemos llegado. El viaje en avión me ha servido para pensar en cómo convertir mi estancia en Barcelona en algo agradable para todos. Lo mejor será que pase con ellos el menor tiempo posible, así, si no tengo que ver a Carol no caeré en la tentación de hacer algo de lo que me podría arrepentir. Ángel y Carol han venido a recogerme al aeropuerto.

Después de una larga charla contándonos anécdotas de cosas que han pasado en estos tres años y poniéndonos al día, por fin me he quedado solo en mi cuarto. Tengo mucho en lo que pensar porque mañana Ángel tiene que salir de viaje a Madrid por temas de trabajo y yo me quedo solo con Carol en el piso. 

Carol ahora no trabaja porque con el sueldo de mi hermano les va muy bien y él no quiere que ella trabaje. Esta noche vamos a ir a cenar fuera para despedir a mi querido hermanito. Si fuera consciente de lo que siento por Carol, estoy seguro de que me metería en un avión y me volvería a mandar a Londres.

Anoche no fue tan mal. La cena estuvo muy bien, me llevaron a un restaurante de moda en el centro de Barcelona, nos emborrachamos un poco con el vino, fuimos de copas y volvimos relativamente pronto a casa. Carol sigue siendo la misma de hace tres años pero mi hermano ha cambiado mucho. Casi no le reconozco. Está muy distante con su mujer, como si pasara algo. Cuando vuelva de viaje intentaré hablar con él para ver que pasa porque él no es así. Hoy tengo una reunión pero Carolina me ha pedido que vaya al cine de noche con ella a ver no sé qué película porque su mejor amiga la ha dejado colgada. Le he dicho que iría con mucho gusto, no estoy seguro de que sea una buena decisión pero he decidido aprovechar esta semana a su lado porque será lo más cerca que pueda estar con ella y después me iré.

La velada fue realmente agradable. Carolina es una mujer estupenda. Anoche me comento que hace tiempo que nota que mi hermano está muy raro con ella y que cada vez tiene más viajes y que cada vez son por más tiempo. Esto me extraña mucho, a mi hermano no le gusta viajar, ni siquiera por trabajo… esta noche vamos a volver a salir, vamos a ir de excursión por Barcelona, yo nunca había venido antes y quisiera conocer la ciudad.

Esta mañana ha pasado algo. Mi vida acaba de dar un giro de 360 grados. Han llegado dos cartas, una para Carol y otra para mí. De mi hermano. Yo me he levantado pronto, hoy no tengo trabajo pero me gusta madrugar. Carol se ha quedado en la cama, estará agotada, anoche llegamos tarde y creo que se nos fue la mano con el vino de la cena. He abierto mi carta y la he leído un millón de veces, no entiendo lo que pasa. Mi hermano no va a volver. Se queda en Madrid. En la carta me pide que cuide de Carolina y que seamos felices. Temo que se haya dado cuenta de mis sentimientos hacia ella pero esto no es normal. El sobre de Carolina es más grande. Dentro estaba una carta y unos papeles. El divorcio.

 Ángel se ha enamorado de una mujer en Madrid, no explica gran cosa sobre ella, solo que no puede seguir haciéndole esto a Carolina. Le pide disculpas, que no le odie. Cómo ha podido hacer esto es algo que no entiendo. 

Carol, la niña de mis ojos, la mujer de mis sueños, está destrozada. Quisiera decirle que todo va a ir bien, que no se preocupe que yo estaré a su lado, que la amo desde el día que la vi, pero sé que sería egoísta porque ahora tiene que superar su dolor, pero yo estaré a su lado y cuando llegue el momento, le abriré mi corazón y no dejaré que se me escape por segunda vez. 

Hermano mío, te deseo lo mejor con toda mi alma y te doy desde lo más profundo de mi ser las gracias porque este es el mejor regalo que me podrías hacer. No se si eres consciente o no de mis sentimientos pero te juro que jamás le haré daño y que yo siempre cuidare de ella. El destino, caprichoso, nos separó con algún fin para luego volver a unirnos. 

Carol, mi niña, mi amor, mi sueño hecho realidad, yo siempre estaré a tu lado…

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