¿Qué es la Corrumiación?
Rumiar es lo que hacen algunos animales, como las vacas o las cabras, es básicamente estar masticando el pasto duro una y otra vez. De aquí se desprende que en psicología, cuando hablamos de rumiar, nos referimos principalmente al proceso de pensamiento que se fija en determinadas ideas, generalmente negativas o catastróficas, y que producen ansiedad y depresión entre otros posibles trastornos.
Si bien las culturas orientales nos guían hacia lo contrario, en occidente se tiende a pensar que cuando uno dice lo que le pasa puede procesarlo de manera más saludable. Por otro lado, también existe la tendencia a considerar que si nos enfocamos en determinado problema, tarde o temprano daremos con la solución.
Algunas corrientes psicológicas sostienen que aquellas cosas que nos resultan difíciles de asimilar, serían las que nos enferman. Cuando somos capaces de poner en palabras, es decir cuando logramos hablar de ellas, se establecería un primer paso hacia la asimilación de la problemática, por lo tanto hacia lo que podría llamarse “la cura”.
Lo cierto es que cuando atravesamos una situación en la que el problema nos desborda, nos aplasta, nos ocupa toda la mente, y absorbe nuestra energía, se nos hace muy difícil encontrar una solución por nosotros mismos. Es en estos casos cuando conversar con un amigo, con una persona cercana o un profesional de la Salud Mental, puede marcar la diferencia entre seguir abrumado o definitivamente salir airoso de la situación crítica. Sin dudas una mirada externa, que vea nuestra problemática desde un punto de vista objetivo, alternativo al nuestro, puede guiarnos hacia la solución del problema en cuestión.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando caemos en lo que en otros espacios hemos planteado como pensar demasiado? Comenzamos a “rumiar” casi obsesivamente la misma idea, una y otra vez, sin llegar a solución alguna. Son esos casos en que llegamos al punto tal que, al encontrarnos con otras personas cercanas, en lugar de buscar una mirada diferente, lo que hacemos es seguir hablando de lo mismo. Sin darnos cuenta, ese problema se ha convertido en nuestro único tema de conversación.
Es es este momento, donde el comportamiento del entorno puede ofrecer dos caminos: uno cuando, mediante su análisis objetivo, puede dar lugar a encontrar la salida; y otro, cuando sin proporcionar orientación, da lugar a la corrumiación. Entonces, si rumiar es pensar demasiado sobre lo mismo, cuando nos juntamos con alguien y nuestra charla va dando vueltas y vueltas y vueltas alrededor de lo mismo hablando de cómo nos sentimos, cómo nos afecta, cómo nos perjudica, lo doloroso que es, y toda esta situación se repite con mucha frecuencia, es cuando hablamos de rumia conjunta o corrumiación.
Ya no se trata de pensar en la solución de un problema, sino de hablar de cómo nos sentimos. El enfoque no está puesto en el problema, aunque pensemos que sí. Estas prácticas, suelen darse con mucha facilidad, por ejemplo, entre amigos, y si bien brinda la idea de acercamiento, y fortalecimiento del vínculo, en realidad aumentan los niveles de ansiedad, así como el estrés y los síntomas depresivos.
Lee también: Cómo liberarse del veneno del miedo, la ira, la envidia y el odio
Esa tendencia a pensar que si hablamos de esa situación problemática nos vamos a sentir mejor, conduce a perder el enfoque. Ya no buscamos resolver un inconveniente, sino aliviar nuestro sentir. Compartir la carga, algo que definitivamente nos va a hacer sentir mejor. No obstante, la situación crítica continúa, y nuestras estrategias de afrontamiento se van diluyendo en esa validación que encontramos en el otro.
Como vemos, la corrumiación es bastante nociva para la salud, es de alguna manera adictiva y no conduce a ninguna satisfacción. Por lo tanto, siempre debemos estar alerta para no vernos inmersos en vínculos de este tipo. Puede pasar que estemos atravesando por un momento en que sin darnos cuenta, hemos caído en la co rumia. Si queremos estar seguros para poder revertir la situación, solo necesitamos preguntarnos si después de la charla nos sentimos mejor, o más ansiosos. Por lo general, estas prácticas nos hacen sentir mejor en el momento, más apoyados y contenidos, pero luego, al estar solos volvemos a sentir la misma ansiedad, o incluso más, que antes.
Para contrarrestar esta corrumiación, tenemos que ser capaces de decir “No se habla más de esto, hagamos otra cosa”. Centrar las charlas siempre en esos pensamientos y sentimientos negativos puede acarrearnos problemáticas de salud mental, por lo tanto debemos buscar, o crear motivos alegres para tener charlas más positivas. Suena simple, pero sabemos que no lo es. A veces no logramos marcar ese límite, por temor a cómo se sienta el otro, o porque queremos seguir hablando de nosotros. Pero no podemos perder de vista que cuando una relación entra en este tipo de bucle, es muy difícil salir de ahí, porque la corrumia genera rumia y viceversa. Con el tiempo, nos daremos cuenta que estar con esa persona solo nos estresa o nos provoca más ansiedad, y empezaremos a evitarla.
Para poder evitar perder vínculos, tratemos siempre de que sean sanos. Tanto para nosotros como para la otra persona.

- Manipulación mediática: cómo influyen en tu mente sin que te des cuenta - abril 15, 2026
- Ella es mía – “Cuando el amor se enferma” - abril 13, 2026
- El banco vacío y la mirada atenta - abril 10, 2026

