El tacto prohibido
Extraído del poemario: Son de Amores
de Benicio de Seeonee
No deberíamos ni mirarnos,
pero igual pasa: tu mirada me encuentra,
incluso entre la multitud,
y me desarma sin tocarme.
Jugamos a la distancia, a la inocencia fingida,
mientras el deseo ruge por debajo
como un animal enjaulado.
Un roce mínimo, un gesto que cualquiera tomaría por accidente:
tu mano pasando cerca, apenas un segundo en mi muñeca,
pero ahí se incendia todo.
La sangre corre hacia lugares precisos,
las rodillas se aflojan, la respiración cambia de dueño.
El mundo sigue hablando, pero yo solo escucho
tu aliento entrecortado, diciendo lo que callamos.
Ese roce clandestino sostiene más verdad
que las miles noches que pasamos con nuestras realidades.
Es la yema de tus dedos, como un cuchillo dulce,
afilado, irresistible que abre mi piel para sentirte dentro de mi.
Me acerco lo justo, para sentir tu calor sin que nadie lo note,
solo tú, con esa imperceptible inclinación de tu cuerpo,
delatando tu rendición silenciosa al volcán que llevo dentro.
Cada caricia está prohibida, no nos pertenecen.
No deberíamos, pero sigue ardiendo en el centro del pecho,
un poco más abajo, también en el cuello que late por ti.
Es un pacto feroz y precioso: este deseo que no se nombra
que no debe existir, pero gobierna cada gesto.
Si alguien nos viera, nos condenaría.
Pero si supieran lo que sentimos,
desearían poder sentirlo también.
© 2001 Lilian Rodríguez — Poemario Jardín en la niebla
Esta obra está protegida bajo una licencia Creative Commons Atribución–NoComercial–SinDerivadas 4.0 Internacional.
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