Ansiedad y problemas de conducta
Como ya hemos mencionado en otros espacios, la ansiedad es una respuesta fisiológica a un estímulo. Esta respuesta, que puede conducir a la huída, la lucha o la parálisis, es provocada por un estímulo que se percibe como una amenaza. Puede manifestarse de varias maneras algunas personas suelen recurrir a la evitación, otras al aislamiento, en muchos casos se recurre a la confrontación. Esta última forma de expresión de la ansiedad, cuando se presenta en los niños, con frecuencia, suele malinterpretarse como ira u oposicionismo. Veamos un ejemplo:
Caso Clínico: “Martina”
Martina es una niña de 8 años que ha comenzado a mostrar comportamientos disruptivos en la escuela. Sus maestros informan que tiene frecuentes arranques de ira, se niega a seguir instrucciones y a menudo interrumpe la clase. En casa, sus padres notan que Martina se muestra muy ansiosa antes de ir a la escuela y tiene dificultades para dormir.
Los padres de Martina la llevan a un psicólogo infantil para una evaluación. Durante las sesiones, el psicólogo observa que Martina se muestra muy inquieta y evita hablar sobre la escuela. Prefiere quedarse cerca de sus padres y se muestra reacia a participar en actividades nuevas.
El psicólogo identifica varios síntomas de ansiedad en Martina:
Preocupación excesiva: Martina expresa miedo constante de cometer errores en la escuela.
Evitación: Intenta evitar situaciones que le causan ansiedad, como hablar en público o participar en juegos grupales.
Somatización: Se queja frecuentemente de dolores de estómago y de cabeza, especialmente antes de ir a la escuela.
El profesional concluye que los comportamientos disruptivos de Martina son una manifestación de su ansiedad. Sus arranques de ira y su negativa a seguir instrucciones son intentos de escapar de situaciones que le resultan abrumadoras.
Detección temprana de la ansiedad en niños y adultos
Detectar trastornos como la ansiedad en los niños –y en los adultos también– de manera temprana puede ser crucial para intervenir a tiempo y lograr una remisión de síntomas leves antes que se conviertan en manifestaciones desadaptativas. Siguiendo el ejemplo, mencionaremos algunas señales que los padres de Martina podrían haber observado en el comportamiento de la niña:
Cambios en el Comportamiento: Notar si Martina se vuelve más irritable, tiene arranques de ira o se muestra más retraída de lo habitual.
Quejas Físicas: Prestar atención a quejas frecuentes de dolores de estómago, de cabeza u otros síntomas físicos sin una causa médica aparente.
Problemas de Sueño: Observar si Martina tiene dificultades para dormir, pesadillas frecuentes o se despierta a menudo durante la noche.
Evitación: Notar si Martina evita ciertas actividades, lugares o personas que antes disfrutaba.
Preocupación Excesiva: Escuchar si Martina expresa preocupaciones constantes sobre la escuela, el rendimiento académico o situaciones sociales.
Cabe aclarar que no siempre se presentan estos signos, cada niño es diferente, pero sí podemos estar alertas antes las más mínimas señales. En ocasiones este tipo de signos pueden ser comunes y conviene dejarlos pasar. Dejan de ser comunes cuando incrementan su frecuencia o bien cuando el nivel de inhabilitación aumenta.
Es importante conversar con los niños, principalmente, cuando notamos que alguna de estas conductas se vuelve repetitiva o se va intensificando. Tenemos que recordar que el niño no nos va a decir qué le pasa, porque probablemente no lo sepa, no lo entienda o no lo pueda verbalizar.
Pero si hacemos las preguntas indicadas, nos darán la información suficiente para saber si es necesario o no consultar con un profesional. Como padres, en realidad como adultos responsables de los niños, tenemos algunas herramientas de las que podemos asirnos para detectar, en este caso ansiedad, pero aplica para cualquier problemática, como bullying, abuso, etc.
Estrategias clave para apoyar a los niños ansiosos
Entre las estrategias que podemos utilizar encontramos:
Comunicación Abierta: Los canales de comunicación son necesarios en todas las edades, por eso es importante fomentar desde el principio un ambiente donde el niño se sienta seguro para hablar sobre sus miedos y preocupaciones. Nuestra tarea consiste en preguntar cómo se siente y escuchar sin juzgar ni sancionar.
Observación Atenta: Siempre vamos a resaltar la importancia de estar atentos a cambios en el comportamiento y en las rutinas diarias de nuestros niños y adolescentes. Podría ser muy útil mantener un registro de cualquier patrón inusual.
Interacción con la Escuela: nuestros hijos pasan parte de sus vidas en la escuela, por lo tanto es sumamente importante mantener una comunicación regular con los maestros y el personal escolar, para obtener información sobre el comportamiento de los niños, las posibles necesidades que puedan presentar en la escuela.
Buscar Ayuda Profesional: Si nos percatamos de alguno de estos cambios de conducta, y notamos que son cada vez más frecuentes e intensos, el siguiente paso es consultar a un psicólogo infantil o un pediatra para una evaluación profesional.
Si retomamos el caso de Martina, podríamos inferir que si los padres de Martina hubieran notado que ella se quejaba frecuentemente de dolores de estómago antes de ir a la escuela y evitaba actividades sociales, podrían haber iniciado una conversación abierta con ella para entender sus preocupaciones. Al observar estos patrones, podrían también haber buscado ayuda profesional, podrían haber identificado la ansiedad de la niña, de manera temprana y comenzado un tratamiento adecuado. Una intervención oportuna puede prevenir el desarrollo de problemas de conducta más graves. La comunicación abierta, la observación atenta y la búsqueda de ayuda profesional son claves para apoyar a los niños ansiosos.
Tratamientos efectivos para la ansiedad infantil
Si resulta que luego de la evaluación se comprueba que efectivamente se trata de un cuadro de ansiedad, el profesional en estos casos, podría sugerir –entre otras– terapia cognitivo-conductual (TCC) para ayudar a Martina a manejar su ansiedad. Como vimos en otros espacios, esta corriente psicológica proporciona una amplia variedad de técnicas para contrarrestar y eliminar los síntomas. Algunas de las intervenciones pueden ser: técnicas de relajación, es decir, enseñar ejercicios de respiración y relajación muscular para calmarse en momentos de ansiedad. Esto va a permitir implementar también otra técnica que hemos visto anteriormente y es la reestructuración cognitiva, como ya sabemos, esta técnica va a ayudar al niño a identificar y desafiar pensamientos negativos y catastróficos sobre la escuela, desde lo racional.
También se propone la exposición gradual, con la idea de introducir al pequeño gradualmente a situaciones que le causan ansiedad para que vaya aplicando lo aprendido para poder afrontar satisfactoriamente el momento crítico. Con esto se van a ir minimizando las conductas de evitación o aislamiento. Por supuesto, esta exposición comienza con pequeños pasos y va aumentando el nivel de dificultad a medida que el paciente se siente más cómodo. Se estima que después de algunas semanas de terapia, podrían observarse mejoras significativas.
El caso de Martina ilustra cómo la ansiedad en nuestros niños puede manifestarse con comportamientos disruptivos, pero si estamos atentos, podemos anticiparnos y prevenirlos. Una intervención adecuada puede ayudar a los niños a manejar su ansiedad de manera efectiva, evitando inquietud e inseguridad ante la idea de cometer errores en la escuela; o bien problemas digestivos (dolores de estómago) antes de ir a la escuela. Siempre el diálogo con los niños, y un diagnóstico diferencial, van a marcar la diferencia.

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