Yahya, el barmekí y Abd Allah b. Malik al-Juzai

Yahya, el barmekí y Abd Allah b. Malik al-Juzai
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Yahya, el barmekí y  Abd Allah b. Malik al-Juzai 

Este es uno de los cuentos

de las Mil y una Noches

Se cuenta que entre Yahya y Abd Allah existía una secreta enemistad que ninguno de los dos manifestaba. La causa de la enemistad que había entre ambos residía en el gran afecto que el Emir de los creyentes, Harún al-Rasid, profesaba a Abd Allah por la cual Yahya y sus hijos decían que Abd Allah había embrujado al Emir de los creyentes. Así transcurrió mucho tiempo y la envidia estaba en el corazón de ambos.

Cierto día al-Rasid concedió el gobierno de Armenia a Abd Allah y lo envió a esta provincia. Cuando y a había fijado en ella su residencia, se le presentó un hombre del Iraq. Éste era virtuoso, culto y de agudo entendimiento, sólo que había pasado una mala época y había perdido sus bienes e ido a menos. Entonces falsificó una carta firmada por Yahya y dirigida a Abd Allah. Con ella se dirigió a Armenia.

Al presentarse ante la puerta de éste, entregó la carta a uno de sus chambelanes. El chambelán la cogió y se la entregó a Abd Allah quien la abrió, la leyó y meditó en lo que decía, dándose cuenta de que era falsa. Mandó que le llevasen a aquel hombre y éste, al estar delante, hizo las invocaciones de rigor y loó a Abd Allah y a sus familiares. Abd Allah le preguntó: 

– ¿Qué te ha inducido a pasar tantas fatigas y a venir hasta aquí con una carta falsa? Pero tranquilízate, pues tus fatigas no habrán sido en vano – Aquel hombre contestó: 

– ¡Dios prolongue la vida de nuestro señor, el ministro! Si mi viaje te pesa no busques excusas: la tierra de Dios es amplia y Él es el que da sustento a todos los seres vivos. El mensaje que te he traído es del propio Yahya, no está falsificado – Abd Allah le replicó: 

– Yo escribiré una carta a mi representante en Bagdad y le daré orden de que pregunte por esta carta que me has traído. Si es auténtica, si no está falsificada, te daré el gobierno de algún distrito o bien doscientos mil dirhemes, caballos y magníficos camellos, con todos los honores, si es que prefieres un regalo. Pero si la carta resulta ser falsa haré que te den doscientos palos y te haré afeitar la barba. 

A continuación Abd Allah mandó que le encerrasen en una habitación y que le diesen todo lo que necesitara hasta que pudiera cerciorarse de lo que había de verdad en el asunto. Escribió una carta a su representante en Bagdad diciéndole: 

«Ha venido hasta mí un hombre que me ha traído una carta que asegura que procede de Yahya b. Jalid.

Yo no creo que la carta sea auténtica, por lo cual es preciso que te preocupes de este asunto, que te enteres personalmente y que te cerciores de qué hay de verídico en ella. Apresúrate a contestarme para que sepamos si ese hombre dice verdad o mentira»

Cuando su representante recibió el mensaje, montó a caballo inmediatamente y corrió al palacio de Yahy. Encontró a éste sentado con sus comensales y con sus cortesanos. Le saludó y le entregó la carta. Yahya la leyó. Después dijo al representante: 

– Vuelve mañana y te tendré escrita la contestación. – Después de la marcha de su visitante se volvió a sus comensales y les preguntó: – ¿Cuál ha de ser la recompensa de una persona que ha falsificado una carta, poniéndola a mi nombre, y que la ha llevado a mi enemigo?

Cada uno de los comensales dio su opinión, pero todos estaban de acuerdo en que debía ser castigado. Yahya les replicó: 

– ¡Estáis equivocados! En lo que habéis dicho se demuestra la baja condición y la vileza de vuestros pareceres. Todos vosotros sabéis la influencia que Abd Allah tiene con el Emir de los creyentes y conocéis la enemistad y el recelo que existe entre nosotros dos. Dios (¡ensalzado sea!) ha hecho de este hombre un medio de reconciliación, le ha encargado de realizar este cometido y de extinguir el fuego de la envidia que roe nuestro corazón y que viene creciendo desde hace veinte años; gracias a su intervención se arreglarán nuestras querellas. Es necesario que y o recompense a ese hombre declarando que son verdad sus afirmaciones, solucionándole sus problemas. Voy a escribirle una carta a Abd Allah indicándole que debe tratarlo con generosidad, que continúe teniéndole en consideración y honrándole

Los comensales, al oírle, le desearon toda clase de beneficios y se admiraron de su generosidad y de su gran hombría. Yahya pidió papel y tinta y escribió, de su puño y letra, esta carta a Abd Allah: 

«En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso: He recibido tu carta (¡Dios prolongue tu vida!), la he leído y me he alegrado de que te encuentres bien, me he regocijado de tu bienestar y de tu felicidad. Tú tenías sospechas de que ese hombre hubiese falsificado una carta nuestra y creías que no era portador de ningún escrito, pero en realidad no es así. Esa carta la he escrito yo, no hay en ella falsificación alguna. Espero de tu generosidad, de tu esplendidez, de tu buen carácter, que recompenses a ese buen hombre haciendo realidad sus esperanzas y sus deseos, dándole los honores que merece y haciéndole conseguir lo que desea, abrumándole con tu gran generosidad y concediéndole tu máximo favor. Todo lo que hagas por él será como si me lo hicieses a mí y yo te quedaré reconocido» .

Puso la dirección, la selló y la entregó al agente de Abd Allah, el cual la envió a éste.

Abd Allah, al leerla, se alegró de su contenido, mandó que le diesen doscientos mil dirhemes, diez caballos árabes, cinco de ellos con gualdrapas de seda y los otros cinco con sillas de parada ricamente adornados; veinte cajas de ropa, diez mamelucos montados a caballo y una cantidad importante de preciosas gemas. Además le dio un vestido de honor y le despachó hacia Bagdad con toda la pompa.

Al llegar a Bagdad, antes de visitar a su familia corrió a la puerta de Yahya y pidió permiso para entrar. El chambelán se presentó ante Yahya y le dijo:

– ¡Señor mío! Hay en la puerta un hombre con su séquito; tiene buen aspecto; trae bastantes joyas y quiere entrar a verte. – Yahy a le hizo pasar. Cuando llegó ante éste, besó el suelo. El visir le preguntó:

– ¿Quién eres?

– Soy aquel que estaba muerto por las injusticias del destino; tú me has sacado del sepulcro de las calamidades y me has introducido en el paraíso de los deseos. Yo soy el que falsificó una carta tuy a y se la he entregado a Abd Allah – Yahya le preguntó: 

– ¿Cómo te ha tratado? ¿Qué te ha regalado?

– Me ha dado, gracias a tu generosidad, a tu liberalidad, a la grandeza de tus favores, a tu gran magnanimidad, a lo excelso de tus deseos y a tu bondad, tantas cosas que me ha enriquecido y me ha puesto en situación desahogada. Todos sus dones, todos sus regalos los he dejado ante tu puerta, pues a ti te pertenecen y a ti toca disponer. –  Yahya replicó: 

– Lo que tú has hecho por mí es mucho más que lo que y o he hecho por ti. Tú has sido quien me ha hecho un gran regalo y tu mano ha sido muy bondadosa conmigo, ya que has

transformado la enemistad que existía entre ese hombre respetable y yo en una auténtica amistad y afecto. Yo te regalo bienes idénticos a los que te ha cedido Abd Allah b. Malik

A continuación mandó que le diesen tanto dinero, caballos y cajas como le había regalado Abd Allah. Así, ese hombre recobró su bienestar gracias a la esplendidez de estos dos generosos.

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