Un día… Un beso estratégico

Un día… Un beso estratégico
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Un día… Un beso estratégico

Me gusta el cine y la lectura, las leyendas, la historia, la geografía, la exploración, los viajes. Tal vez, es por eso que cuando la veo mi mente deambula de maneras inusitadas por todas estas cosas y siento que quiero recorrerla geográficamente, estudiarla históricamente, explorarla detenidamente; cubrirla, descubrirla y conquistarla una y otra vez.

Ese día, mientras yo estaba en mi trabajo, ella me envió un icono de besos esos que se multiplican cuando el mensaje se envía. Y me llegaron y se esparcieron en toda mi piel y me estremecí de punta a punta. Ella suele causar esos efectos en mi. Para responder, envié un sticker de un beso. Y para darle un toque más de intensidad (como si nos hiciera falta) agregué: “un beso estratégico”… Y ahí comenzó todo…

¿Y cómo es un beso estratégico? me preguntó ella con clara picardía. Y yo, que no veía la hora de llegar a casa acercarme a ella, tomar su rostro en mis manos y perderme en su mirada… caí en su embrujo una vez más. Con mi más reluciente cara de pócker, me sumergí entre las pilas de legajos y respiré profundo. 

Le respondí que era un beso que ella podía imaginar. Porque se sabe de memoria mis besos, los he colocado en cada rincón de su ser para que los tenga siempre presente. Le dije también que era un beso que estaba destinado a un lugar específico, que ella conocía muy bien, porque ambos sabemos la onda expansiva de uno de esos besos. Le expliqué que un beso estratégico era un beso con un objetivo muy claro, el de mostrar todo lo que siento. Pero fundamentalmente, que era un beso muy particular. 

Ella insistía en acelerar mi combustión interna con sus palabras; mientras yo intentaba acorazar mi cuerpo ya casi por completo en su poder. Y es que cuando estoy con esa mujer, mi cuerpo es atraído como si ella fuera un un imán y yo una esquirla de metal que no puede resistirse.

Siempre es igual… mi pecho se pega al suyo y, mientras miro fijamente su boca, no puedo evitar deslizar mi pulgar sobre sus labios.

El preludio de un beso. 

De un beso estratégico.  

Su sonrisa nace antes que mi dedo termine su recorrido. Entonces me acerco a su rostro y dejo que mi boca cubra la suya, luego la suya cubre la mía. Nuestros labios intercalados, uno entre otro… saboreándose. Yo invadiendo su boca, y ella invadiendo la mía, con ese sonido tan característico de los cuerpos que se unen en la humedad. 

Podía sentir su sabor en mi boca, y mi cuerpo reaccionando cada vez más, a pesar de todo. Volví a respirar profundamente y respondí. “estaré en casa en unas horas y te lo explicaré en detalle”. Acababa de comprender los alcances de un beso estratégico. Su onda expansiva estaba haciendo flaquear a mi cordura, y agradecí que nadie a mi alrededor parecía haberlo notado.

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Benicio
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