Un día… Solo desperté para adorarla

Un día… Solo desperté para adorarla
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Un día… Solo desperté para adorarla

Mis ojos se abrieron como siempre, antes de que las alarmas suenen. Es increíble. Parece que mi mente se despierta antes de hora solo para tomarse el tiempo de adorarla. Pero es que verla dormir a mi lado es una delicia. No puedo más que sonreír.

Mi mano recorrió con suavidad su piel desnuda. Su rostro se ve tan bello cuando duerme. Lo acaricié con ternura. Moví sus cabellos hacia atrás de su hombro. ¡Dios! ¡Es tan hermosa! Mi mano la recorrió suavemente, su cuello, su hombro, su brazo, su cintura, su cadera, su muslo. Mi corazón retumbaba en la habitación. Es que ¡la amo tanto!

Amo tanto verla a mi lado, dormida aún… tan dulce, tan pura, tan mía. Me acerqué a  su rostro, rocé mi nariz con la suya. Esta mujer tiene la habilidad para robarme suspiros aún dormida. Es increíble.

Mi mano en su cintura se deslizó por su espalda. Ella susurró un “mmm” muy suave… comenzaba a despertar. Mis labios cubrieron su rostro de besos. Esa mujer es mi tesoro. Se acercó a mí, me abrazó. 

Las alarmas volvieron a sonar. Ella no me soltaba. Besó mi pecho. Susurró algo que no alcancé a oír. Levantó su rostro y besó mi cuello. Mi piel se estremecía con sus caricias. Ella me enloquece y lo sabe.

Levantó su rostro y encontró mis ojos. Sé que vio en ellos todo lo yo que sentía, todo lo que soñaba, todo lo que ansiaba. Lo vio tan claro que me sonrió. Su mano acarició mi rostro. Me acerqué a su boca casi con desesperación. Cerré mis brazos alrededor de su cuerpo y la acerqué a mi. Llené su boca de cientos de “te amo”. Y sus “mmm” llenaron la mia. Mi lengua recorrió la cálida humedad de su boca y mi mano acarició su espalda, sin soltarla, sin permitir un mínimo espacio entre nosotros.

De pronto se hizo la hora. Ella tenía que trabajar y yo lo sabía. Incluso intentó decirlo mientras yo seguía besando sus labios. Se deslizó sobre mí para levantarse, provocativa, sensual. Su esencia me envolvió, se esparció en la habitación. Recogió su ropa y aún cuando se alejaba… se quedó en mí. Por eso siempre cuento las horas para verla. Para besarla, para tocarla, para desnudarla, para hacerle el amor. Para adorarla.

Se alejó caminando desnuda por la alcoba… muy lentamente 

¿Existirá sobre la tierra una visión más hermosa que esa? 

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