Sobre los “excesos de comunicación” 

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Sobre los “excesos de comunicación” 

Los tres filtros de Sócrates 

“Para encontrarte a ti mismo,
piensa por ti mismo”.
Sócrates

Todos hemos sabido alguna vez acerca de alguien que “sabía vida y misterio de todo el barrio”. A veces es una vecina, a veces es un negocio, pero sea lo que sea funciona las veces como el noticiero barrial, donde uno va y se entera de las últimas novedades del entorno.

Este tipo de prácticas, suelen ser simpáticas, aunque hay casos en que los excesos de comunicación trascienden el límite de lo tolerable o de lo privado, llegando a convertirse, en ocasiones, en verdaderas torturas anímicas que lastiman tanto al protagonista como al que la escucha.

Rumores, chismes, comentarios, fake news, tendencias, viralizaciones, etc., como sea que se las llamen, ¿hay un límite para este tipo de cosas? Como en todas las cosas, es necesario tener siempre en cuenta que nuestra libertad termina donde empieza la libertad del otro. Si reproducimos con “¿Sabés lo que me contaron?” o un “no sabés lo que Fulanito anda diciendo de vos!”, somos parte de algo que no siempre acaba bien, y además estamos expuestos a dejarnos llevar por un comentario cuya veracidad resulta bastante cuestionable..

Saber lo mucho que esta clase de mensajes puede afectar a alguien me ha llevado a recuperar la historia de los tres filtros de Sócrates, y que me parece interesante compartir.

Cuenta la historia que en una ocasión llegó uno de los discípulos del filósofo, en gran estado de agitación y le dijo que, en el camino, se había encontrado con uno de sus amigos y que este le había hablado de Sócrates con gran malevolencia.

Al escuchar esto, Sócrates le pidió en primer lugar que se calmara. Después de pensarlo un momento, le pidió que esperara un minuto. Y le explicó al aprendiz, que antes de escuchar lo que tenía para contarle, el mensaje debía pasar por tres filtros necesarios. Si no los superaba, el mensaje no era digno de ser escuchado. El muchacho lo miró atentamente. 

Entonces el sabio griego le formuló la primer pregunta: “¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es verdad?” El discípulo pensó un momento. En realidad, no podía estar seguro de si lo que había escuchado podía catalogarse como algo verdadero. Ante el silencio del muchacho, Sócrates agregó: “Entonces no sabes si todo es cierto o no”. El discípulo tuvo que admitir que no.

El gran maestro griego formuló la segunda pregunta: “¿Lo que vas a decirme es bueno o no?” El discípulo contestó que, por supuesto, no era nada bueno. Todo lo contrario. Lo que tenía que contarle eran palabras que, a su juicio, le causarían malestar y aflicción. Entonces Sócrates señaló: “Vas a decirme algo malo, pero no estás totalmente seguro de que sea cierto”. El discípulo admitió que así era.

Para terminar, Sócrates debía plantear un tercer interrogante y así lo hizo. Dijo: “¿Me va a servir de algo lo que tienes que decirme de mi amigo?” El discípulo dudó. En realidad no sabía si esa información le sería de utilidad o no. Quizás solo lo distanciaría de ese amigo, pero teniendo en cuenta que no se sabía si era verdad o no, tal vez saberlo no resultaba útil. Al ver la expresión de su rostro, el filósofo sonrió y dijo: “Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no es útil ¿Para qué querría saberlo?

No es extraño encontrarnos, ya sea en el plano personal, en el laboral, en el familiar, en definitiva, en todos los ámbitos donde nos movemos, ciertos comentarios que deberían pasar por los tres filtros de Sócrates: la verdad, la bondad y la utilidad. Así mismo, es necesario que cada vez que vayamos a emitir una opinión, o a realizar un comentario respecto a otra persona, también lo analicemos desde estos tres filtros, a partir de las preguntas: Lo que voy a decir ¿es verdad? ¿es bueno? ¿es útil?. 

Este tipo de hábitos, nos va a permitir, por un lado, tener mejores vínculos, más sanos, más afectuosos, más confiables. Por otro lado, nos brindará una modalidad de comunicación más sincera, y auténtica, dando lugar a que formemos nuestro propio juicio respecto a determinadas personas o situaciones, y esto sin duda proporcionará mucha más tranquilidad.

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