La leyenda del río Hablador | Leyenda de Lima, Perú

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La leyenda del río Hablador

Leyenda de Lima, Perú

Cuenta la leyenda que hubo cierta vez un joven que creció entre seres celestiales, los cuales eran protegidos por el dios Sol, conocido también como Inti. El muchacho se llamaba Rímac y era de los pocos que no mostraba temor alguno al contactar con los humanos en el plano terrenal. Su bondad y conocimiento despertaba la curiosidad de hombres y mujeres, quienes quedaban asombrados con sus vivencias y las historias que les contaba. Fue así como se ganó su cariño y respeto, y los humanos acabaron adoptándolo como uno de ellos.

En un despertar, se ubicó en lo más alto para tener una vista especial hacia la tierra. Desde una de las ventanas del palacio donde vivía fue testigo del sufrimiento de las personas que eran azotadas por una sequía, dañando todo tipo de cosecha y recursos para mantenerse con vida.

Los dioses que fueron testigos del hecho acudieron al supremo líder para implorarle que interfiera y ponga fin al sufrimiento. Aunque su poder era grandioso, el Inti respetaba los dictámenes celestiales, los cuales le impedían actuar. Pero, entonces, ¿cómo podrían salvar a los humanos sin faltar a las leyes? Solo un sacrificio era la carta de salvación. Tenían que entregarse ante un altar de fuego para que el agua vuelva a revivir lo marchito.

Esto causó una cadena de cuestionamientos y dudas. En medio del silencio, una de las hijas del Sol, Chaclla, salió al frente y ofreció su vida. Su reacción hizo que Rímac intentara detenerla, ofreciéndole cambiar de posición. Pero, aunque insistió, la joven tenía claro su propósito, le explicó que, a comparación de ella, a él los humanos lo extrañarían por su generosidad y su poder de captar su atención con sus mágicas narraciones.

Sin embargo, el joven no podía quedarse de brazos cruzados. El dios Sol estaba resignado. Rimac y Chaclla se vieron por última vez en el altar de fuego, donde se entregaron como sacrificio para que vuelva a llover. Los hombres de la costa, sin saber lo que ocurrió en el plano celestial, vieron cómo unas gotas comenzaron a caer en un escenario que cobraba el perfil de un desierto.

La muerte de los jóvenes celestiales provocó que el gran valle de Lima sea hidratado nuevamente, convirtiéndose en un río. Aunque la felicidad de los yungas, título que recibieron los antiguos costeños, duró pocos días, se vivió uno de los espectáculos naturales más impresionantes. Chachlla se transformó en lluvia y Rímac, dejó su cuerpo para ser un río de la costa peruana.

Aquellos que buscan tranquilidad cerca de esta corriente natural pueden escuchar una voz a lo lejos, como si buscara contactarlos para asombrarlos con la historia que dio vida al río Hablador.




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