Hablando de coraje de Dan Millman

Hablando de coraje de Dan Millman

Hablando de coraje

-¿Conque crees que soy valiente? –preguntó ella.

-Sí.

-Tal vez lo sea. Pero es porque tuve algunos maestros que me inspiraron. Te hablaré de uno de ellos. Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntaria en el Stanford Hospital, conocí a una pequeña llamada Liza que padecía una enfermedad rara y grave. La única posibilidad que tenía de recuperarse era recibir una transfusión de sangre de su hermanito de cinco años, que había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla. 

El médico le explicó la situación al hermanito y le preguntó si estaba dispuesto a darle sangre a la hermana. Lo vio vacilar apenas un instante, respiró hondo y dijo: “Sí, lo haré si con eso Liza se salva”.

Mientras estaban haciendo la transfusión, estaba en una cama paralela a la de su hermana y sonreía, como lo hacíamos todos, al ver que a ella le volvían los colores a las mejillas. 

De repente, el chiquito se puso pálido y su sonrisa se desvaneció. Miró al médico y le preguntó, con vos temblorosa: “¿Voy a empezar a morirme ya mismo?”.

Siendo tan pequeño, había malinterpretado al médico; creyó que tendría que darle toda la sangre.

-Sí, aprendí qué es el coraje –agregó-, porque tuve buenos maestros.

Dan Millman

Fragmento del libro: 
Chocolate caliente para el alma 
de Jack Canfield y Mark Victor Hansen

Una reflexión:

Este breve relato nos muestra que el coraje a menudo se manifiesta en los momentos más inocentes y puros, en esos actos donde el amor y la bondad se imponen sin reservas. La valentía no siempre viene de quienes esperan reconocimiento o recompensa; muchas veces, los actos más valientes son aquellos que nacen de un impulso sincero y casi instintivo de ayudar a otro.

El hermanito de Liza no era un héroe en el sentido clásico. Su valentía no se encontraba en grandes gestos, sino en su disposición a sacrificarse, a entregar lo que fuera necesario por el bienestar de su hermana. Lo que este niño nos enseña es que el coraje no significa no tener miedo, sino estar dispuesto a enfrentar lo desconocido, incluso cuando el precio parece ser todo lo que uno tiene. En su confusión, creyó que su vida sería el precio a pagar, y aún así, dijo “sí.”

Este relato también nos recuerda que, muchas veces, son aquellos que menos esperamos quienes se convierten en nuestros maestros de valentía y generosidad. Aprender a tener coraje, en última instancia, es aprender a valorar la vida de los demás tanto como la propia y a encontrar, en el amor que sentimos, la fuerza para actos que pueden parecer imposibles. Porque, al final, el verdadero coraje no es solo una cuestión de fuerza o determinación, sino una cuestión de amor.

Luna
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