El deseo que se esconde
Extraído del poemario: Son de Amores
de Benicio de Seeonee
Te veo, de lejos, para acercarme ya es tarde:
el cuerpo decidió antes que la cabeza.
Acomodas tu pelo, finges buscar algo en la cartera.
Conozco ese gesto, nunca sacas nada.
Yo disimulo mirando el celular
con una atención improvisada,
que no proviene de ningún lado.
Ambos actuamos, y lo hacemos muy mal,
como quien intenta apagar un incendio con las manos.
Hay un temblor mínimo cuando nos acercamos.
Un estremecimiento que arde dentro y fuera de nosotros.
Los gestos se vuelven torpes, demasiado medidos,
demasiado conscientes del roce que no debe darse
y sin embargo insiste.
Te hablo de cualquier cosa, con el aliento entrecortado:
clima, trabajo, horarios, noticias.
Pero lo que callo empuja, desnuda, arrasa.
Y lo notas. Tu mirada huye para no delatarse.
Y aún si lo intentamos, no podemos evitarlo.
Somos dos adultos responsables, sensatos, cuidadosos.
Conocemos el límite y aún así caemos en ese vértigo delicioso.
En ese juego contenido hay un peligro dulce,
una pregunta sin voz, una invitación que ninguno pronuncia.
El deseo se esconde, sí, pero respira fuerte, marcando el ritmo
de lo que tarde o temprano va a cobrar su precio.
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