‘Anansi y la pitón’
La leyenda africana
En un tiempo donde el sol besaba la tierra roja de Ghana y las aldeas se alzaban entre la exuberante vegetación, una sombra reptante sembraba el terror. Una pitón de dimensiones colosales, más larga que las canoas que surcaban el río Volta, asolaba la región. Devoraba rebaños enteros y, en ocasiones, incluso algún desprevenido aldeano. El miedo se había instalado en los corazones, silenciando las risas y apagando los fuegos al caer la noche.
Los habitantes, con el alma en vilo, elevaron sus plegarias a Nyame, el dios del cielo. Nyame, con voz resonante como el trueno, respondió a sus súplicas:
—Mi corazón se compadece de vuestro sufrimiento, pero la pitón es también creación mía. No puedo destruirla. Sin embargo, conozco a alguien que podría ayudaros: Anansi.
El nombre resonó entre la multitud con un murmullo de incertidumbre.
—¿Anansi? –preguntaron algunos.
—Sí –confirmó Nyame– Un vecino vuestro que se jacta de su astucia. Si demuestra su valía, lo recompensaré. Si su bravuconería resulta ser vana, sufrirá las consecuencias.
Los aldeanos, aferrándose a la esperanza, buscaron a Anansi, el astuto tejedor de historias, cuya fama de ingenioso resonaba en las aldeas cercanas. Lo encontraron en su humilde choza, rodeado de intrincadas telarañas que parecían contener los secretos del mundo.
—Anansi –le dijeron– Nyame nos envía a ti. Una pitón gigante aterroriza nuestra aldea. ¿Nos ayudarás?
Anansi, con los ojos brillantes de entusiasmo, respondió:
—¿Una serpiente descomunal, dices? ¿Y Nyame los envía? ¡Qué honor! ¡Por fin podré demostrar mi ingenio al mundo! Acepto el desafío. Dime, ¿cuán grande es esta criatura?
—Más larga que mi casa –dijo un hombre con voz temblorosa.
—¡Más larga que mi casa y el patio juntos! –exclamó otro.
—¡No saben nada! –interrumpió una mujer– ¡Es más larga que dos casas juntas!
Anansi, frotándose las manos, exclamó:
—¡Vaya, una serpiente verdaderamente impresionante! No se preocupen, encontraré una solución. De hecho, ya tengo una idea. Necesito tres cosas: un plato de puré de ñame, un cuenco de aceite de palma y una cesta llena de huevos frescos.
Los aldeanos, con el ceño fruncido por la extrañeza de la petición, accedieron y al día siguiente entregaron a Anansi lo solicitado.
—Ahora –dijo Anansi– necesito que me dejen solo con la serpiente. Este asunto requiere discreción.
Los aldeanos, con el corazón encogido, accedieron a regañadientes. Temían lo peor, imaginando a Anansi devorado por la bestia. Pero la esperanza, aunque tenue, aún latía en sus pechos.
Una vez solo, Anansi se dirigió al lugar donde la pitón tenía su guarida, un remanso oscuro junto al río. Llevaba consigo un enorme tronco, el puré de ñame, el aceite de palma y los huevos. Colocó el tronco a la orilla del río y dispuso los alimentos cerca. Luego, con voz audible, comenzó un extraño diálogo consigo mismo, modulando la voz para que pareciera que conversaba con otra persona.
—¡Es una serpiente verdaderamente asombrosa! ¡La más grande que he visto en mi vida!
—¡Tonterías! –respondió con una voz grave y gutural, imitando a un escéptico– ¡Son exageraciones de la gente!
—¡Te digo que es verdad! –insistió Anansi con su voz normal– ¡Es tan grande que podría engullir un rebaño entero de una sola vez! Si la gente fuera tan inteligente como yo, le traería ofrendas como estas.
—¡Me estás tomando el pelo! –replicó la voz grave– ¡Ninguna serpiente es tan poderosa!
Anansi entonces simuló una pelea, con golpes y forcejeos, gritando:
—¡Déjala en paz! ¡No te metas con la gran pitón! Si tuvieras un poco de cerebro, también le traerías puré de ñame, aceite de palma y huevos…
La pitón, al oír mencionar sus manjares favoritos, emergió del agua, sus ojos brillantes fijos en Anansi, quien, a pesar del miedo que lo atenazaba, mantuvo la compostura. La serpiente devoró los alimentos con avidez.
—Gracias por la ofrenda y por defenderme –siseó la pitón.
—No hay de qué –respondió Anansi– Solo intentaba convencer a un incrédulo de tu inmenso tamaño. Eres la pitón más larga del mundo. Solo necesito demostrarlo, y todos te adorarán y te traerán manjares como estos a diario.
—¿De verdad? –preguntó la pitón, vanidosa– ¿Y qué tengo que hacer?
—Es muy sencillo –dijo Anansi señalando el tronco– Solo tienes que tumbarte sobre él para que pueda medirte.
La pitón, cegada por la vanidad, se deslizó sobre el tronco. Anansi, con agilidad, comenzó a atarla con fuertes cuerdas, asegurándose de que quedara bien sujeta.
—Te sujetaré un poco para asegurarme de que quedes bien estirada –dijo Anansi con una sonrisa nerviosa.
Cuando Anansi terminó de atarla, la pitón se dio cuenta de la trampa.
—¡Suéltame ahora mismo! –rugió furiosa.
—Lo siento, amiga –respondió Anansi con calma– Es cierto que eres la pitón más larga del mundo, pero tu presencia aterroriza a la gente de esta aldea.
En ese momento, los aldeanos regresaron y, al ver a la pitón atada al tronco, quedaron boquiabiertos.
—¿Cómo lo has hecho? –preguntaron con asombro.
—Con unas cuantas palabras –respondió Anansi con una sonrisa de satisfacción.
Los aldeanos se llevaron a la pitón lejos de la aldea, a un lugar donde no pudiera regresar. Nyame, al ver el ingenio de Anansi, cumplió su promesa y le ofreció un recipiente lleno de sabiduría. Pero, al lanzárselo, el recipiente cayó sobre Anansi, achatándole el cuerpo y estrechándole la cintura. Por eso, en muchas representaciones, Anansi aparece como una araña con forma humana, o un hombre con rasgos de araña.
Reflexión:
El cuento de Anansi y la pitón nos enseña que la astucia y el ingenio pueden superar incluso la fuerza bruta. Anansi, a pesar de su pequeño tamaño y su aparente fragilidad, logró vencer a una criatura mucho más poderosa que él gracias a su inteligencia y su capacidad de persuasión. La historia también nos advierte sobre los peligros de la vanidad. La pitón, cegada por el deseo de ser reconocida como la más grande, cayó en la trampa de Anansi. Además, nos recuerda que las palabras, bien utilizadas, pueden ser armas poderosas, capaces de controlar, engañar o incluso salvar vidas. Anansi no usó la fuerza, sino la palabra, la astucia verbal, para lograr su objetivo. Finalmente, el desenlace, con la transformación física de Anansi al recibir la sabiduría, nos muestra que incluso los triunfos pueden tener consecuencias inesperadas. La sabiduría, aunque valiosa, puede llegar de formas que no siempre imaginamos.

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