Estoy librando una batalla.

Estoy librando una batalla.

Estoy librando una batalla.

He librado muchas en mi vida, algunas muy dolorosas y en mayor o menor medida, salí con el laurel en la mano, no sin cicatrices, es cierto, cicatrices que fueron sembrando surcos, ya no en la piel, si no en lo más profundo, en el alma.

Logre esconderlas, taparlas bajo mil capas, bien profundo para no recordarlas. Apenas son una bruma en recuerdos que ya ni sé si fueron un sueño. Pero alguna vez, se las arreglan para golpear mis cimientos, desde partes de mí a las que no puedo llegar.

Hoy los cimientos no tiemblan. Retumban, se retuercen, truenan y me desgarran como si un lobo hambriento me devorase las entrañas y entre mordida y mordida, una parte de mí lucha por seguir respirando, por seguir caminando, por ganarle la partida a la vida, una vez más.

Alguien dijo: “piensa en el momento más hermoso que recuerdes y que hayas vivido en tu vida; recuerda el lugar, recuerda el momento del día, recuerda lo que estaba sucediendo, recuerda las emociones, recuerda con quién estabas…”

Mi vida está llena de momentos, buenos y malos, como la de todo el mundo pero mi mente no pudo avanzar más allá del 15 de septiembre de 2020, el día en el que le conocí, el día en el que algo se quedó prendido en mi pensamiento. Talmente parece que mi vida comienza en ese día.

Y avanzando un poco más allá, el día en el que por vez primera mis labios rozaron los suyos. ¡Dios mío! En ese momento me sentía como una adolescente que recibe un beso por vez primera, y todo en mi se estremece y soy una hoja frágil al viento, llena de emoción, todo en mi interior era un sol radiante queriendo salir en explosión para gritarle al mundo es él… es él… nunca podré besar otros labios que no sean los suyos, ni rozar otra piel que no sea la suya, ni acariciar otro corazón que no sea el suyo.

Ese momento me llenó de una felicidad infinita, en ese momento lo supe, era él, mi amor, mi compañero, mi tesoro.

Luego esa voz surgió de nuevo y dijo: “ahora piensa en un momento doloroso, el más triste, ese momento donde te sentiste de lo peor, recuerda, quien está a tu lado, qué sucede, cómo te estás sintiendo, qué sensación hay en tu interior, desde dónde la estás sintiendo. Reconoce la emoción que sientes, defínela.”

Y mi mente volvió de nuevo a cobrar vida propia y sin que tuviera mucho control me llevó automáticamente  a ese día, donde un suceso que en apariencia no tiene importancia, rompió la magia del momento que estaba experimentando.

Él comenzó a seguir a alguien, una chica muy bella, joven, con unos hermosos ojos azules, ligera de ropa y con un desparpajo que arrasa por donde mire.

A él le gustan los ojos azules, siente verdadera admiración por los ojos azules y no puede evitarlo, se siente atrapado por ellos.

Una mordida lacerante en las tripas me dobló a la mitad.

Duele.

De fondo en su video ella comentaba algo… decía, “¿Por qué a los hombres les gustan las perras?”.

Me perdí en esa pregunta… ¿les gustan?

Se lo pregunté a él… pero tardó largo rato en articular una respuesta.

En ese lapsus de tiempo mi mente digital ya había articulado miles, decenas de miles de posibilidades y respuestas.

El odia la ordinariez, lo vulgar, y sin embargo el lenguaje de esa chica era burdo, soez, ordinario.

Otra mordida y otro grito sordo en mi interior.

Traté de recordar la última vez que habíamos hecho el amor pero no pude.

¿Esto es lo que llama su atención ahora? ¿Es lo que desea? ¿Lo que le gusta?

De pronto me vi en una jaula con barrotes infranqueables, gruesos. Lloré en silencio.

El viaje por las torturas de la mente puede ser sinuoso, traicionero y letal.

Estoy librando una batalla.

Sigo caminando.

Estoy sola.

Quiero encontrar  la salida.

Sin embargo en ese momento lo más fácil fue borrar, ¡borra, borra, borra!

Como si en ese acto de borrar pudieras limpiar lo que te hiere. No es así. Eso solo lo esconde. Es como la metadona de los drogadictos. Solo un parche que no hace desaparecer el problema de fondo.

“definela…”

– ¡Celos! Siento celos porque su atención no está solo en mí, está en mí y en sus ojos azules, en mí y en su cuerpo ligero de ropa, en mí y en su ordinariez, en mí y en… no sé qué más…

-“Puedes hacerlo” _ Volvió a decir esa voz.

_”Hace un momento has logrado cambiar tu estado de humor recordando el momento más bello en tu vida. Tú tienes el poder de cambiar tu estado emocional, puedes hacerlo, puedes dirigir tus pasos y hacer que la balanza se equilibre. La mente no siempre tiene la razón, tú no eres tus pensamientos, tú no eres tus miedos, lo sabes, ¡claro que lo sabes!, todo eso no te define, tú misma lo repites hasta la saciedad, ahora es el momento de ponerlo en práctica.  Tú eres mucho más que tus pensamientos, tú eres mucho más que tus miedos. No dejes que tomen el control de ti, no dejes que su velocidad y voracidad te envuelvan.

Tú tienes el poder, tienes el control, puedes hacerlo.

Solo tienes que recordar el momento bueno para cambiar tu estado de humor. De esa forma el camino es más sencillo. Ya has identificado tu miedo, ya le has puesto nombre, y ahora solo tienes que identificar si realmente tiene validez, si es real, si hay algo que verdaderamente lo sustente.”

Mierda de voz. Vaya, ahora la soez soy yo.

Me siento como esa niña que llevo dentro y en su impotencia siente el deseo de patearlo todo. ¡Qué ironía! Justo la carta de esta semana es “tu niño interior”. Pues la mía está cabreada, dolorida, sola… Bueno, en realidad no, no se siente sola, pero si tiene miedo de volver a estar sola.

Y recordé.

Recordé todos los anocheceres y amaneceres de los dos últimos años, sin faltar uno. Juntos, entre sus brazos, incluso en los días malos. Él no me suelta. Incluso aunque yo esté pendiente de un hilo, él me sujeta.

Recordé los buenos días de cada mañana, aun cuando las estrellas no se han ido y el sol está perezoso por salir.

Recordé las horas, y horas, y horas que pasamos juntos, cada día, de cada semana, de cada mes de los dos últimos años. Horas llenas de muchas cosas, tantos momentos compartidos…

Recordé todos los eventos familiares donde me llevó a su lado.

Mi mente comenzó a descargar  en secuencia todos los momentos compartidos, todos sin faltar uno, como si hiciese una revisión de vida de esas que se hacen como cuando uno está a las puertas de la muerte.

Sí, en realidad creo que hoy hay un funeral y no es el mío. Es el tuyo, miedo.

Libraba una batalla

La he ganado

¡Por fin soy libre!

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