Educar con el ejemplo
Lo que eres es tan importante como lo que haces1
Lo que eres se expresa con tanta
fuerza que no puedo oír lo que dices.
Ralph Waldo Emerson
Era una tarde soleada de sábado en la ciudad de Oklahoma. Mi amigo y orgulloso padre Bobby Lewis llevaba a sus dos hijitos a jugar minigolf. Se acercó al hombre que estaba en la ventanilla y le preguntó el valor de la entrada.
— Tres dólares para usted y tres dólares para los niños mayores de seis años. Si tienen seis o menos entran gratis. ¿Qué edad tienen?
— El abogado tiene tres y el médico siete, o sea que creo que le debo seis dólares — aclaró Bobby. El hombre de la ventanilla se asombró
— Eh, señor, ¿acaba de ganar la lotería o algo parecido? Pudo ahorrarse tres dólares. Si me hubiera dicho que el mayor tenía seis, no me habría dado cuenta. — Bobby sonrió
— Es posible, pero los chicos, sí.
Como decía Ralph Waldo Emerson: “Lo que eres se expresa con tanta fuerza que no oigo lo que dices”. En tiempos de desafíos, cuando la ética es más importante que nunca, asegurémonos de dar un buen ejemplo a todos los que trabajan y viven con nosotros.
Patricia Fripp
Los niños replican lo que ven. Aprenden de su entorno las formas de hablar, de mirar, de acariciar, los modales, los hábitos. Aprenden a amar, a odiar, a mentir, a decir la verdad. Aprenden también a reconocer y a regular sus emociones siempre que nos vean capaces de hacerlo.
Por esto, de la misma manera en que resulta muy complejo pretender enseñar a un niño a lavarse las manos antes de comer, cuando uno no lo hace, suele ser imposible que un niño comprenda la importancia de decir la verdad, cuando los adultos a su lado no lo hacen.
La frase de Emerson del inicio “Lo que eres se expresa con tanta fuerza, que no puedo oír lo que dices.” se refiere precisamente a que por más que nos esforcemos en repetir una y otra vez que “no se deben decir mentiras” si los niños nos ven diciéndolas, usándolas, y beneficiándonos de ellas, difícilmente hagan caso de nuestras palabras.
Quizás, puede resultar incorrecto para algunos el hecho de que, para referirnos al acto de decir mentiras, se haya usado “ver” en lugar de “escuchar”, y está subrayado porque lo que se busca es resaltar que los niños aprenden de lo que nos ven hacer. Ellos pueden escuchar las cosas que les decimos, por ejemplo “no está bien decir mentiras”; pero si nos ven hacerlo, aquello que les hemos dicho pierde toda validez.
Hemos ejemplificado con la mentira, puntualmente, porque es lo que está en el relato, pero aplica a todas las cosas que hacemos frente a los niños. Cuando los pequeños crecen en ambientes hostiles, donde lo que se vive día a día es maltrato, gritos, golpes, aprenden que eso es “lo normal”. Su forma de relacionarse con sus hermanos y amigos, probablemente tenga las mismas características aprendidas en el plano intrafamiliar. Y, posteriormente, en su llegada a la escuela y al observar a los padres de sus compañeros, o al ser sancionado por los docentes o incluso por sus pares, el pequeño puede aprender que hay alternativas, pero lo que haga al respecto, va a depender de su propia espontaneidad y los recursos que posea.
El padre de los niños del relato, podría haber dicho “tiene 6 años”, cuando el niño sabe que tiene 7 y que por lo tanto su padre está diciendo algo que no es cierto. Algunos chicos suelen corregir al padre diciendo “Tengo 7”. Otros solo observan atentamente. Algunos padres pueden tomarse el tiempo de explicar al niño que dijeron tal cosa para no pagar la entrada, con lo que el niño aprenderá que cuando uno no quiere pagar por algo, puede hacer algo para evitarlo; ya sea mentir, o incluso robar.
Por eso es tan importante tener muy claros los valores morales sobre los que nosotros construimos nuestra familia y con los que conducimos nuestra vida, porque esos no se transmiten en una lista o repitiéndolos una y otra vez…. solo se transmiten viviéndolos.
Si queremos que nuestros hijos sean honestos, debemos conducirnos siempre con honestidad. Es un hecho que hoy en día los chicos tienen acceso a demasiada información proveniente de todos los sectores; y que no somos los únicos educándolos. La tarea es en la actualidad mucho más desafiante que antaño. Pero siempre el ejemplo seguirá siendo la mejor forma de educar. Si queremos que nuestros hijos sean buenas personas, sin duda nosotros tendremos que esforzarnos día a día por serlo.

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