¿Por qué los bebés hacen una y otra vez exactamente lo mismo?

¿Por qué los bebés hacen una y otra vez exactamente lo mismo?

Del descubrimiento del propio cuerpo a la exploración del mundo

Como vimos anteriormente, durante los primeros meses de vida, mediante juegos exploratorios, el bebé descubre principalmente su propio cuerpo. Sus manos, sus pies, sus movimientos y las sensaciones que experimenta al actuar sobre sí mismo constituyen algunas de sus primeras fuentes de aprendizaje.
Más adelante, gracias al desarrollo de nuevas capacidades motoras y sensoriales, su interés comienza a dirigirse hacia los objetos y el entorno que lo rodea. Con los primeros desplazamientos, tocar, mirar, escuchar y manipular se convierten entonces en actividades fundamentales para conocer el mundo.
Por supuesto, el desarrollo no se detiene allí. A medida que explora los objetos, el bebé comienza a descubrir algo todavía más fascinante: las consecuencias de sus propias acciones. Ya no se interesa únicamente por las características de una cuchara, una pelota o un juguete. Ahora quiere saber qué ocurre cuando los mueve, los golpea, los sacude o los deja caer. El foco de la exploración comienza a desplazarse desde los objetos hacia los efectos que producen sus acciones sobre ellos.

Cuando el bebé descubre que sus acciones tienen consecuencias

Cualquier adulto que haya convivido con un bebé probablemente reconozca una escena muy habitual. El niño deja caer una cuchara al suelo. Un adulto la recoge y se la devuelve. Segundos después, la cuchara vuelve a caer. El proceso se repite una, dos, cinco o diez veces. Para el adulto, la situación puede resultar agotadora. Para el bebé, en cambio, es una experiencia apasionante.
No está intentando desafiar la paciencia de nadie. Está investigando. Cada repetición le permite comprobar qué ocurre cuando realiza una determinada acción y descubrir que el mundo responde de maneras relativamente predecibles. Allí comienzan a aparecer los primeros juegos de repetición y causa-efecto, una de las formas más importantes de aprendizaje durante esta etapa del desarrollo. Vamos a destacar en este período tres formas de juego muy puntuales: arrojar objetos, aparecer y desaparecer, y las repeticiones.

Arrojar objetos: uno de los primeros experimentos del bebé

Como decíamos, cuando un bebé arroja un objeto descubre que algunos objetos producen ruido al caer, que otros rebotan, que algunos ruedan y otros permanecen inmóviles. También comienza a registrar distancias, trayectorias y tiempos. Cada repetición aporta nueva información acerca del comportamiento de los objetos y de las consecuencias de sus propias acciones.
Además, este juego permite explorar algo aún más importante: la idea de que las cosas continúan existiendo aunque desaparezcan momentáneamente de su campo visual. El objeto cae, deja de verse y, sin embargo, vuelve a aparecer cuando alguien lo recoge. Sin saberlo, el bebé está construyendo conocimientos fundamentales sobre el funcionamiento del mundo físico. Lo que para los adultos parece una escena cotidiana constituye, desde la perspectiva del desarrollo, uno de los primeros experimentos sistemáticos de la infancia.

Aparecer y desaparecer: mucho más que un juego

Pocas actividades resultan tan universales como los juegos de esconder y mostrar. En este momento van a aparecer variantes, ya que no solo los adultos pueden esconder y descubrir, sino que el niño participa activamente. Cuando el niño ve que ocultan objetos bajo una manta, detrás de un almohadón o dentro de una caja, ya está en condiciones de buscarlos y encontrarlos. Incluso el mismo niño puede ocultar el juguete o a sí mismo y descubrirse luego.
Estos juegos poseen una importancia mucho mayor de lo que aparentan. Durante los primeros meses de vida, los bebés todavía están construyendo la noción de permanencia del objeto, concepto desarrollado por Jean Piaget (1936/2006). Poco a poco comienzan a comprender que las personas y los objetos siguen existiendo aunque no puedan verlos en ese momento. Lo que desaparece de la vista no desaparece necesariamente de la realidad. Desde la perspectiva de autores como Donald Winnicott (1972), esto es fundamental, puesto que sobre esta base cognitiva se construyen capacidades cruciales para la vida emocional posterior: la posibilidad de sostener temporalmente la ausencia de las figuras de apego sin experimentar cada separación como una pérdida definitiva
Cada vez que un rostro reaparece detrás de unas manos o un juguete es encontrado bajo una manta, el bebé fortalece esta comprensión. Por eso estas actividades suelen resultar tan atractivas y divertidas. El juego combina sorpresa, emoción y aprendizaje. Detrás del clásico “¿On ta bebé?” se esconde uno de los descubrimientos cognitivos más importantes de los primeros años de vida.

Entonces, ¿por qué necesita repetirlo tantas veces?

¿Pero por qué lo repite una y otra vez? El desarrollo infantil sigue una lógica particular. Los adultos solemos asociar el aprendizaje con la incorporación de novedades. Cuando alguien ya sabe hacer algo, esperamos que avance hacia experiencias nuevas y más complejas. Sin embargo, los bebés aprenden repitiendo. Y cuanto más importante resulta un descubrimiento, más veces suelen volver sobre él.
Por esta razón, muchas conductas infantiles parecen extraordinariamente repetitivas. Un mismo sonido puede escucharse decenas de veces. Un objeto puede caer al suelo una y otra vez. Una secuencia aparentemente idéntica puede repetirse durante varios días seguidos. Desde la mirada adulta, estas conductas pueden parecer monótonas. Desde la perspectiva del desarrollo, constituyen una forma eficaz de consolidar aprendizajes y comprender mejor las relaciones entre acciones y consecuencias.

La repetición como herramienta de aprendizaje

La repetición permite comprobar que ciertos fenómenos ocurren de manera relativamente estable. Si cada vez que se suelta una pelota esta cae al suelo, el bebé comienza a construir expectativas acerca de cómo funciona el mundo. De esta manera desarrolla una sensación creciente de comprensión y previsibilidad. Lejos de representar una falta de creatividad o de curiosidad, la repetición constituye uno de los motores más importantes del aprendizaje temprano y una herramienta fundamental para la construcción del conocimiento.
Detrás de esas acciones aparentemente simples se está construyendo una noción esencial para toda la vida futura: la sensación de ser capaz de actuar sobre el entorno y producir efectos reales. Este es uno de los primeros pasos en el desarrollo de la autonomía, la iniciativa y la confianza en las propias capacidades.

Qué pueden hacer los adultos ante estos juegos repetitivos

Comprender esto también permite mirar muchos comportamientos infantiles con otros ojos.
Cuando un bebé deja caer una cuchara por quinta vez consecutiva, suele despertar la paciencia de cualquier adulto. Por supuesto, ningún padre está obligado a participar indefinidamente en cada ensayo científico doméstico. Pero entender qué hay detrás de esas conductas ayuda a responder de una manera más adecuada.
Muchas veces basta con ofrecer oportunidades para explorar. Permitir que manipule objetos seguros. Dejar que experimente diferentes sonidos, texturas y movimientos. Darle tiempo para descubrir por sí mismo algunas relaciones de causa y efecto. También resulta importante evitar la tentación de anticiparse constantemente. Los adultos solemos resolver situaciones con rapidez. Alcanzamos el objeto antes de que el bebé intente tomarlo. Encendemos el juguete antes de que descubra cómo hacerlo. Mostramos la solución antes de que tenga oportunidad de buscarla.
El bebé necesita probar, equivocarse, repetir y volver a intentar. Necesita comprobar con sus propios actos que es capaz de producir cambios. Y en muchos casos, el juego ni siquiera ocurre solamente entre el niño y los objetos. Ocurre entre el niño y el adulto que responde. Una sonrisa provoca otra sonrisa. Un gesto provoca una reacción. Un sonido obtiene una respuesta. Así, con un niño curioso y un adulto facilitador, este tipo de juegos se convierten en una de las primeras formas de diálogo.

Del juego de repetición al nacimiento de la imaginación

Como acabamos de ver, a través de estas prácticas, el bebé descubre que los objetos existen, que los acontecimientos tienen consecuencias y que sus propias acciones pueden modificar lo que ocurre a su alrededor. Pero el desarrollo infantil todavía guarda una sorpresa mayor.
Llegará un momento en que una caja dejará de ser solamente una caja. Podrá convertirse en un automóvil, una casa o un barco. Una cuchara podrá transformarse en un avión. Una escoba podrá convertirse en un caballo. El niño ya no se limitará a explorar la realidad. Comenzará a representarla, transformarla e imaginarla.
Con el surgimiento de la función simbólica, se produce uno de los grandes acontecimientos de la infancia y una de las puertas de entrada al mundo de la creatividad, la imaginación y la cultura. En la próxima entrega nos embarcaremos en el desafío de comprender cómo surge esa extraordinaria capacidad humana que permite representar la realidad, transformarla mediante el juego y dar vida a aquello que existe primero en la imaginación.

Autor: Benicio de Seeonee

Benicio
Últimas entradas de Benicio (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Descubre más desde Afectos

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Afectos
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.