La química de la conducta moral

La química de la conducta moral

Seguramente muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez ¿por qué a veces me siento eufórico sin razón aparente? o, al contrario, ¿por qué me invade esta tristeza? Y probablemente no lo podemos explicar. Aunque muchos factores influyen en nuestras emociones y conductas, hay un grupo silencioso de pequeños mensajeros que siempre están trabajando detrás de escena: las hormonas.  

Las hormonas son sustancias químicas producidas por glándulas en nuestro cuerpo, como la tiroides, las suprarrenales o las sexuales (ovarios y testículos). Se liberan en el torrente sanguíneo y viajan a diferentes órganos para regular funciones clave como el sueño, el hambre, el estado de ánimo, e incluso cómo reaccionamos en situaciones de estrés o amor. 

¿Puede una hormona regular nuestra conducta moral y ética? La respuesta es que sí. Pero para entender el mecanismo, tenemos que recordar que estamos hablando de “mensajeros”, veamos un ejemplo simple, tomemos uno de estos mensajeros y veamos cómo funciona:  

Cortisol. La hormona del estrés: Imaginemos que estamos en una situación peligrosa, 

La química de la conducta moral
La química de la conducta moral

“vamos cruzando una calle y de repente vemos un coche acercarse a mucha velocidad” 

El cerebro, específicamente la amígdala (el centro emocional), detecta la situación como peligrosa o estresante. Esto activa el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), que es un sistema clave en la respuesta al estrés. El proceso funciona así: La amígdala identifica el peligro y alerta al hipotálamo, que actúa como el centro de control. El hipotálamo envía señales a la hipófisis (glándula pituitaria) para liberar hormonas que activen las glándulas suprarrenales. Las suprarrenales liberan cortisol en el torrente sanguíneo. Este prepara al cuerpo para reaccionar, aumentando la energía disponible al liberar glucosa, incrementando el ritmo cardíaco y priorizando funciones esenciales para enfrentar la amenaza (por ejemplo, fuerza y rapidez). 

Esta respuesta del cuerpo y la mente a lo que el cerebro interpreta como una amenaza o desafío, es lo que conocemos como estrés. En verdad se trata de un sistema eficiente y vital, diseñado para protegernos, activando recursos físicos y mentales para enfrentar el peligro; pero si se activa con demasiada frecuencia puede tener efectos negativos como fatiga, irritabilidad y problemas de salud. 

Cabe agregar que esta respuesta no siempre depende de un peligro “real”, sino de cómo percibimos la situación. Por ejemplo: si estás caminando por una calle oscura y escuchas pasos detrás de ti, tu cerebro podría interpretar esto como peligroso, activando el estrés. Pero si los pasos resultan ser de un amigo que te llama, la percepción cambia y el estrés desaparece. Esto se debe a que el estrés no viene directamente del evento en sí, sino de cómo lo evaluamos. Como dijimos antes, la amígdala juega un papel clave en esta evaluación, enviando señales al hipotálamo para activar el sistema de respuesta al estrés si lo considera necesario. El estrés, en pequeñas dosis, puede ser positivo (nos motiva y mejora el rendimiento). Sin embargo, cuando el cerebro evalúa constantemente situaciones cotidianas como peligrosas (por ejemplo, preocupaciones laborales, tráfico, etc.), el estrés se vuelve crónico, y esto no es nada saludable

Es importante conocer este funcionamiento porque las hormonas son como un sistema de comunicación interno que guía nuestras emociones y decisiones, pero que también se afectan entre sí cuando se producen desfasajes. Si aprendemos a escuchar nuestro cuerpo, podemos trabajar a favor de ese delicado equilibrio y mejorar nuestro bienestar. 

Ahora veamos cómo nuestra moralidad puede verse afectada por nuestra química interna. En un estudio reciente que investigó la interacción entre oxitocina y vasopresina, se destaca que el equilibrio entre estas dos hormonas es esencial para una conducta moral y social equilibrada. Mientras que la oxitocina promueve la afiliación y la confianza, la vasopresina puede modular comportamientos de protección y defensa. Un desequilibrio en esta interacción podría estar relacionado con trastornos que afectan la socialización.

Profundicemos un poco, la oxitocina, es conocida por su capacidad de fortalecer vínculos afectivos y promover la confianza, pero también desempeña un papel clave en nuestra conducta moral. Según lo mencionado en el artículo1, esta hormona puede influir en decisiones relacionadas con el altruismo, la justicia y la empatía. Puede, a su vez, atenuar las respuestas al estrés, promoviendo una sensación de calma y seguridad en situaciones sociales desafiantes.

Por su parte, la vasopresina, aunque menos conocida, es el modulador de la conducta social. Desempeña un papel crucial en la regulación de comportamientos sociales y emocionales como la agresión y territorialidad: Estudios han mostrado que la vasopresina está relacionada con comportamientos de defensa territorial y agresión, especialmente en contextos de protección de recursos o pareja. También actúa en la Formación de vínculos: similar a la oxitocina, la vasopresina contribuye a la formación de lazos sociales, particularmente en la monogamia y el cuidado paternal en algunas especies. Contribuye también en la Regulación emocional: ya que influye en la gestión de estados emocionales, afectando la forma en que respondemos a estímulos sociales y ambientales.

Ahora bien, uno de los hallazgos más relevantes del estudio mencionado es la influencia de la oxitocina en el juicio moral y la forma particular en que lo realiza. Se ha encontrado que niveles elevados de oxitocina están relacionados con comportamientos más generosos y solidarios hacia personas cercanas o grupos sociales propios (lo que se conoce como *in-group*). También se observó que las personas con niveles elevados de oxitocina tienden a considerar el impacto emocional de sus decisiones en los demás, lo que puede llevar a comportamientos más compasivos. Sin embargo, el artículo también señala un matiz importante: la oxitocina no siempre conduce a decisiones morales universales. Su efecto puede ser selectivo, promoviendo el bienestar del grupo cercano (*in-group*) a expensas de aquellos que se consideran externos (*out-group*). Esto puede llevar a favoritismos o exclusión en ciertas situaciones, mostrando que su acción no siempre es “moral” en un sentido objetivo.

Estos hallazgos sugieren que la oxitocina no solo regula nuestras relaciones personales, sino también cómo interactuamos en el plano ético y social. Comprender cómo la oxitocina y la vasopresina influyen en nuestras conductas abre la puerta a posibles intervenciones terapéuticas. Por ejemplo, moduladores de estas hormonas podrían ser considerados en el tratamiento de trastornos que implican déficits en la interacción social o regulación emocional, o incluso ayudar en casos de trastornos que afecten la empatía, como el autismo.

Este enfoque nos muestra cómo algo tan biológico como una hormona puede estar profundamente conectado con los aspectos más abstractos de nuestra vida, como los valores y principios morales. No obstante, el saber cómo las hormonas afectan nuestras conductas no debería sugerir que “todo es culpa de la química“. Simplemente nos ayuda a comprendernos mejor. Algunas veces, lo que sentimos o hacemos no se trata solo de voluntad, sino de un complejo equilibrio hormonal.  

Para terminar, vamos a  mencionar algunos puntos importantes para cuidar nuestro balance hormonal  

-Mantener una dieta equilibrada: Lo que comemos influye directamente en la producción hormonal.  

-Hacer ejercicio regularmente: Actividades físicas moderadas favorecen la liberación de endorfinas (alivian el dolor y generan bienestar)  y dopamina (impulsa la motivación y la recompensa).  

-Dormir bien: El descanso regula hormonas como la melatonina, que afecta el estado de ánimo y energía.  

-Gestionar adecuadamente el estrés: La meditación o técnicas de respiración pueden reducir los niveles de cortisol.  




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▼ Recursos Adicionales

Fuente

Zheng, X., Wang, J., Yang, X. et al. La oxitocina, pero no la vasopresina, disminuye la disposición a dañar a los demás al promover emociones morales de culpa y vergüenza. Mol Psychiatry 29 , 3475–3482 (2024). https://doi.org/10.1038/s41380-024-02590-w


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  1.  Zheng, X., Wang, J., Yang, X. et al. https://doi.org/10.1038/s41380-024-02590-w

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