Asturiana de pura cepa: Cuando a Luna la confunden con una gallega

Asturiana de pura cepa: Cuando a Luna la confunden con una gallega

¿Alguna vez te han confundido con alguien de otra región y has sentido la necesidad de aclarar tu verdadera identidad? En este artículo, te traemos una divertida anécdota entre Luna, asturiana orgullosa, y Benicio, un porteño con todo el humor argentino, quienes protagonizan una conversación llena de risas y malentendidos culturales. Descubre cómo se enfrentan las diferencias entre ser asturiana y “gallega” en una charla que combina fabada, lunfardo y un toque de ironía. ¡No te la pierdas!

Luna (cruzada de brazos, con el ceño fruncido):
— Benicio, te lo voy a repetir por última vez, a ver si esta vez lo grabas bien: ¡soy asturiana, no gallega! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? ¿Quieres que te lo envíe por carta certificada?

Benicio (con cara de desconcierto, rascándose la cabeza):
— Pero, Lu, “gallega” es de cariño, che. Así les decimos a todos los españoles. No importa de dónde seas, para nosotros sos gallega y punto.

Luna (mirándolo con los ojos entrecerrados, como si evaluara su coeficiente intelectual):
— ¿Cómo que “y punto”? ¡Importa y mucho! No es lo mismo ser gallega que asturiana. Es como si yo te dijera cordobés. A ver, dime la verdad… ¿eres cordobés?

Benicio (ofendido, llevándose una mano al pecho como si le hubieran disparado):
— ¡Nooo, por favor! ¡Soy porteño, Lu, porteñazo! Con mate en la mano, tango en el alma y quejas en la boca.

Luna (apuntándolo con un dedo, triunfante):
— ¡Ajá! ¿Ves? A ti te importa que te llamen por lo que eres, ¿verdad? Pues a mí también. Así que no más “gallega”, que me hierve la sangre.

Benicio (poniendo cara de circunstancias, como si le estuviera explicando álgebra a un niño):
— Pero es que en Argentina decir “gallego” es más fácil, más rápido, más… práctico.

Luna (arqueando una ceja):
— Ah, claro, porque ustedes los argentinos son mundialmente conocidos por su brevedad y concisión al hablar, ¿no?

Benicio (asintiendo con seriedad exagerada):
— Absolutamente. Ahorro de palabras, máxima eficiencia. Somos minimalistas del idioma.

Luna (cruzándose de brazos con teatralidad):
— ¿Minimalistas? ¡Pero si para decir “sí” vosotros arrancais con “Mirá, te explico”!

Benicio (riendo, levantando las manos):
— Bueno, bueno, tal vez no somos tan breves, pero en lo de “gallego” mantenemos la tradición. Es con cariño, Lu, ¡con buena onda!

Luna (poniendo cara de no estar convencida):
— Ajá… o sea, que si mañana me da por llamarte “uruguayo” en vez de “argentino”, lo tomarías con buena onda, ¿no?

Benicio (parpadeando varias veces, como si hubiera escuchado una herejía):
— Eh… bueno… pará, pará… tampoco exageremos, ¿no?

Luna (sonriendo con malicia):
— Ah, ahí lo tienes. No te gusta que te confundan, ¿verdad? Pues a mí tampoco.

Benicio (suspirando, como si estuviera negociando con una diplomática de la ONU):
— Está bien, está bien. Te llamaré “la asturiana”.

Luna (asintiendo, satisfecha):
— Mucho mejor. Porque yo soy muy asturiana, de las que comen fabada, beben sidra y suben montañas como si fueran escaleras mecánicas.

Benicio (asintiendo con cara seria, como si tomara notas mentales):
— Ajá… fabada, sidra, montañas… bien, bien… datos importantes.

Luna (mirándolo fijamente):
— Y si algún día vuelves a llamarme “gallega”, que sepas que te tiraré un cacho de cabrales a la cabeza.

Benicio (llevándose las manos al pecho, horrorizado):
— ¡Nooo, por favor! ¡Ese queso es un arma de destrucción masiva!

Luna (cruzando los brazos con dignidad):
— Pues entonces ya sabes. “Gallega”, ni en broma.

Benicio (poniendo cara pensativa, con picardía en los ojos):
— Bueno, pero te digo una cosa… al final, vos y los gallegos tienen muchas cosas en común. Viven entre montañas, comen bien, son tercos como mulas…

Luna (señalándolo con el dedo, con una sonrisa desafiante):
— ¡Eso último no te lo consiento, Benicio! Yo no soy terca. Simplemente tengo razón.

Benicio (riendo y levantando las manos en señal de rendición):
— Está bien, está bien, asturiana. Pero que conste en actas que, en el fondo, sos medio gallega por espíritu.

Luna (mirándolo fijamente, con una sonrisa divertida):
— ¡Ni de coña, Benicio! ¡Asturiana hasta la médula! Y ahora, tráeme una sidra, que discutir contigo da sed.




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