El mito de Edipo

El mito de Edipo
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El mito de Edipo

Palabras más, palabras menos, podría asegurar que todos en algún momento de nuestras vidas hemos oído hablar de Edipo. Pero… ¿Quién fue Edipo y por qué lo escuchamos nombrar? 

Resulta que se trata del personaje de una de las tragedias de Sófocles, que allá por 430 a.C comenzó a darle forma y la terminó en 415a.C.: Edipo Rey. 

Pues bien, resulta que los reyes de Tebas, Layo y Yocasta, esperaban un hijo. Para conocer la fortuna que este nuevo niño tendría, consultaron al oráculo, que les dijo que Layo estaba destinado a morir a manos de su hijo. El rey y su esposa al oír tan terrible destino se miraron con amargura y al nacer el pequeño, Layo lo entregó, con sus pies atravesados por una varilla de hierro de esas que se usaban para sostener las prendas de ropa, con la orden de que fuera abandonado en el medio del monte. El niño no sobreviviría y, de esa forma, cambiaría su destino.

Pero sucedió que un par de pastores encontraron al pequeño y lo llevaron al rey de Corinto. La reina al verlo se apiadó del bebé y lo adoptó, nombrándolo “Edipo” que significa pies hinchados. El niño creció como hijo de Corinto. Hasta que en la adolescencia, ciertos comentarios respecto de su origen generaron dudas en Edipo. 

Como era costumbre, en aquellos tiempos, ante la duda se consultaba al oráculo. Pero para Edipo el oráculo, no sólo no respondió a su pregunta, sino que le dijo que él asesinaría a su padre, para casarse con su madre y engendrar hijos con ella. Esta idea le resultó al joven tan insoportable, que decidió alejarse de su tierra y sus padres, y de esa forma cambiar su destino.

 En su viaje Edipo se topó con un grupo de viajeros que al verlo lo agredieron intentando sacarlo del camino. Nuestro héroe, lleno de ira dio muerte a todos y siguió su camino. Al llegar a Tebas se encontró con la Esfinge, un monstruo que asolaba la ciudad matando a quienes no pudieran resolver sus acertijos. Al acercarse, la criatura le dijo a Edipo que si no adivinaba el acertijo moriría, y le preguntó: “¿Cuál es la criatura que en la mañana camina en cuatro patas, al mediodía en dos y en la noche en tres?” Luego de pensar unos minutos, el joven respondió: “El Hombre. Porque en su infancia gatea apoyado en las manos y en las rodillas es decir, en cuatro pies; en su madurez camina en dos pies; y en la vejez, el ocaso de su vida, usa bastón, lo que serían tres pies.

La Esfinge se retiró de Tebas, y Edipo se proclamó Rey. Tomó por esposa a Yodacasta, reina y viuda del rey anterior y tuvo con ella cuatro hijos.  Pasado un tiempo, Tebas fue nuevamente asolada, pero esta vez una plaga que los estaba matando a todos. Los representantes del pueblo, imploraban al rey Edipo que hiciera algo y finalmente lo convencieron de recibir a Tiresias el anciano adivino. Éste les dijo que para salvar a Tebas tenían que encontrar al asesino del rey anterior, Layo, y hacerlo pagar por lo que había hecho. Edipo sin dudarlo, se puso a la tarea de hallar al malhechor

Es a partir de esto que la investigación sobre la muerte de Layo conduce a desenmarañar una serie de sucesos que se vuelven intolerables. En primer lugar Edipo descubre que quien le dio muerte a Layo es él mismo. Ya que Layo era uno de los hombres que había encontrado en el camino y al que había dado muerte antes de llegar a Tebas. Después descubre que Layo era su padre, por lo que Yocasta, anteriormente esposa de Layo, y ahora su propia esposa, era quien lo había dado a luz. Yocasta, al conocer la verdad, al saber que el hombre con quien había engendrado cuatro hijos era su propio primogénito, no pudo soportarlo y se suicidó ahorcándose en su alcoba. 

Y Edipo, por su parte, abatido e incapaz de lidiar con las verdades que había develado, al encontrar a su madre-esposa-madre de sus hijos, colgada en la habitación cortó con un a espada el cordel que la sostenía en el aire y cuando ella cayó al suelo, él se abalanzó sobre ella tomó de sus prendas los broches dorados y los enterró en sus propios ojos, desesperado por dejar de ver lo nunca debió de haber visto. 

Finalmente, solicitó morir en el monte en el que sus padres lo habían mandado abandonar, para esperar la muerte en el lugar en que debió haber muerto poco después de nacer.

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